Cuando los mitos son dichos por profesionales | Caso real

Cuando los mitos son dichos por profesionales | Caso real

Caso real: ¿Y cuando los mitos son dichos por profesionales?

No sabría muy bien definir cómo me siento ¿Enfadada?, ¿Decepcionada?, ¿Triste?, ¿Indignada?… Por desgracia estas situaciones las suelo vivir más de lo que me gustaría…

Os cuento la historia: tengo una paciente en consulta a la que le detectaron niveles de colesterol, triglicéridos y azúcar elevados. Acabaron prescribiéndole pastillas para disminuir el colesterol y el azúcar y la derivaron a “control de peso y alimentación” por parte de una enfermera, la cual la pesaba y le modificaba la alimentación (no sé por qué una enfermera y no una nutricionista…).

Esta paciente vino a mi consulta muy agobiada por la falta de información y porque le habían prohibido muchísimos alimentos que le gustan, sobretodo la fruta y el arroz… Eso sí! Le recomendaron, entre otros, ‘galletas maría‘ para desayunar y tostadas de pan blanco con york para almorzar (que risa, ¿verdad?).

Para mi paciente, esta situación era un importante problema que le ocasionaba bastante ansiedad en su día a día porque no sabía si iba a acabar en una enfermedad grave. Tampoco sabía por qué no podía comer ciertos alimentos y otros sí, y no entendía por qué le quitaban alimentos adecuados como la fruta. Es decir, ya no es el agobio y la ansiedad que le provocaba la falta de información sino que, además, parte de la información nutricional que le estaban dando era falsa y le iba a empeorar su estado de salud.

Empezamos a trabajar con ella, mejoramos su estilo de vida y su alimentación (en la cual incluimos mucha fruta, ¡¡plátanos y todo!!), con lo que reducimos el colesterol, triglicéridos, azúcar a los niveles normales, mejoramos su estado de ánimo y tranquilidad (que es de lo más importante).

Por eso, si me preguntaran qué le pediría a sistema sanitario, diría que es necesario:

  • Derivar al paciente a los profesionales adecuados: Hay mucho nutricionista con muchas ganas de trabajar y están limitados al ámbito privado porque no hay ofertas en el sector público, y lo peor es que éste sector demanda la figura del nutricionista a gritos.
  • Que los profesionales estén actualizados: me canso de escuchar a profesionales del sector sanitario (evidentemente no todos, pero sí un número importante) decir que no coman mucha fruta que tiene mucho azúcar, que una copa de vino al día es saludable, que la leche materna a veces no alimenta, que si te duele la espalda vayas a natación, que tome agua con azúcar para las agujetas… Es decir, mitos antiguos y sin fundamento científico que consiguen confundir a las personas y que sus hábitos empeoren.
  • Dejar la prescripción farmacológica como última instancia: en la mayoría de los casos, las enfermedades no transmisibles (diabetes, problemas cardiovasculares, aumento de la incidencia de cáncer…) se podrían mejorar y prevenir con una educación nutricional, cambios en el estilo de vida y evitar el sedentarismo, sin necesidad de fármacos (los cuales tienen efectos secundarios).
  • Que se predique con el ejemplo: ¿Cuántas veces habéis ido al hospital y habéis visto a personal sanitario con su coca-cola, su donut, sacando rosquilletas de las máquinas expendedoras, etc.? O simplemente el hecho de que haya máquinas expendedoras de comida basura… O la falta de coherencia en la comida que se ofrece a los enfermos… ¡La verdad es que no lo entiendo! Un lugar donde su primera premisa es mejorar la salud de las personas, ¿por qué la boicotean con estas situaciones?

En definitiva, lo que creo es que el sector sanitario tiene una responsabilidad con el paciente. Cuando el paciente va a una consulta sanitaria, normalmente suelen tener plena confianza en aquello que se les dice y, por lo tanto, es peligroso e irresponsable no estar actualizado, no derivar al profesional adecuado o que no practiquen las palabras predicadas.

Autora: Anna Galdón. Nutricionista/Dietista